La Parábola del Hijo Pródigo

segunda parte



Y ALLí lo vemos caminar paso a paso dejando atrás todo el mal que había hecho y va con ese propósito a pedirle perdón a su Padre.

el hijo pródigoAsí se da este reencuentro entre el hijo y el Padre, sigue la narración: “Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Versos 20 y 21.

Después de estas palabras donde declara que ya no se sentía digno de ser su hijo por lo que había hecho, al ver el arrepentimiento de su hijo –que lo hacía de corazón- el Padre comprendió que el sufrimiento que había tenido lo hizo reconocer todas las cosas y comprender que el amor del Padre siempre será indispensable en la vida de los hijos.

Esto causó gran alegría al Padre que ordena que se sacara el principal vestido y lo vistieran y le pusieran un anillo en su mano y zapatos en sus pies. Ahora una vez más era vestido de ropa de gala para una fiesta que el Padre le preparó.

Y en un sentido figurado habla el Padre diciendo: “Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse”. Verso 24.

Hermanos, ¿cuántos de nosotros no hemos pasado por esta situación? Pero gracias a nuestro Padre Celestial que nos recibió una vez más con grande alegría y amor a ese camino que a través de su Hijo Nuestro Señor Jesucristo hemos andado. Y que también cuando decidimos acercarnos a él hubo mucho regocijo “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Lucas 15:10.

Las huestes celestiales se alegraron cuando usted y yo nos bautizamos, ¿no es hermoso hermano lo que hace Dios por su hijo? ¡claro qué es hermoso! Pero también hemos recibido un gran cambio que el Señor nos ha dado: “Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido…”. Verso 24.

Hermanos, el Señor nos ha resucitado, ahora estamos vivos para Dios porque somos sus hijos.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí”. Gálatas 2:20.

 Ministro Abraham Hernández


    edición actual