LA oración es comunicarnos o hablar con Dios. Con frecuencia cuando tenemos alguna necesidad es cuándo mas lo hacemos, es cuando le suplicamos y le pedimos a Dios que nos escuche.
Es por eso que los discípulos de Jesús sintieron la necesidad de que el Maestro les enseñara a orar, tal como Juan había enseñado a sus discípulos y Jesús nos da un ejemplo de cómo la habríamos de hacer: “Y Aconteció que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos. Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo”. Lucas 11:1-4.
Es por eso que cada vez que lo hagamos, lo debemos de hacer con todo orden; ya sea de pie o de rodillas cerrando nuestros ojos y las hermanas con su velo. Recordemos que no debemos tener la T.V. prendida o el radio, sino que con todo orden y respeto oremos, ya que vamos a hablar con Dios que es nuestro Padre.
¿Y cuándo debemos orar? Cuando nos levantamos, al salir, al llegar, antes de comer nuestros alimentos y al acostarnos para dar gracias por un día de vida.
También es importante orar por los enfermos: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame á los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho”. Santiago 5:14-16.
Además leamos 1ª a Timoteo 2:1 al 3, donde el Apóstol Pablo nos recomienda orar por todos los hombres: “Amonesto pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador”.
Recordemos que la oración no es una repetición sino que sale del corazón, lo que usted y yo sintamos eso es lo que vamos a decirle al Señor. Como aquella mujer que tenía una petición delante de Dios y que constantemente estaba orando por su necesidad hasta que Dios la oyó (I de Samuel 1)
Es por eso que tenemos que pedirle a Dios mucha paciencia y fe para que no dudemos del poder que tiene sobre todas las cosas, ya que para Dios no hay nada imposible, como nos dice el Evangelista Lucas 1:37; “Porque ninguna cosa es imposible para Dios”, y añade Nuestro Señor Jesucristo: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. Mateo 21:22.
Ministro Abraham Hernández